sábado, 7 de julio de 2007

Vigilia

Me hallo en el estado de Vigilia. Es curioso este lugar, porque sus habitantes no duermen nunca. Están permanentemente alerta esperando quién sabe qué. No me atrevo a interrumpir la perpétua observación ambiental de estas buenas gentes, por si con ello resulto molesto y me echan a patadas de aquí. Procuro pasar entre ellos lo más desapercibido posible, aunque esto, merced a sus fijas y profundas miradas es una utopía. La verdad es que ignoro los motivos de esta tensión generalizada. sólo sé una cosa: no es debido a la cafeína, la coca o alguna otra sustancia que altere su sistema nervioso, ya que los "vigilantes" (que así se llaman los moradores de este extraño trozo de planeta) ni comen ni duermen para no dejar de escuchar, mirar, tocar y oler su alrededor, atentos a cualquier variación del ambiente. Lo curioso es que, como todos están petrificados ante la realidad que los circunda, nadie hace nada para que ocurra algo que varíe la situación, y así están, en un círculo sin principio ni fin, en un tremendo universo de espera, aguardando algo que no parece llegar. A mí me miran, pero parece que no me ven. Ni me saludan siquiera, con tal de no perder la concentración. Realmente es angustiante esta situación de inactividad eterna. ¿Por qué no se deciden a hacer cualquier cosa? Son estatuas hieráticas mirando una realidad igual de inmutable, igual de inmóvil que ellos. Mundo de cera. Y si he de ser sincero, a veces pienso que muchísimos seres humanos están (o estamos, mejor dicho) en ese estado: parecemos vigilar, esperar a que llegue nuestro momento de lanzarnos a vivir, hacemos planes, pensamos qué es lo primero a realizar, tomamos complejas decisiones de cómo afrontar esto o aquello, pero al final no movemos ni un dedo para hacerlo realidad. Como muy bien dice esta canción del grupo argentino Árbol, parece que a veces solo sabemos Esperar.
Por supuesto, se admiten comentarios...

4 comentarios:

esther dijo...

Sí, David, hacemos planes, pero nos da un miedo horrible afrontarlos. Salir de casa, cambiar de trabajo, o formalizar una relación. Por eso estamos vigilantes, expectantes, y acojonados.

El amor mueve el mundo, y el miedo lo paraliza.

Decía Aldus Huxley: "El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma".

Sergio dijo...

La espera es un pretexto que utilizamos para disimular o interiorizar el miedo.
El miedo puede surgir por cobardía, por inseguridad o por conservadurismo.
Para defendernos de él nos parapetamos tras el muro de la incertidumbre y la espera,nos evadimos de lo crucial que pueden tener nuestros actos, y jugamos a soñar sin vivir, a imaginar paisajes o situaciones idílicas, y en definitiva, a olvidar que el tiempo, implacable, puede terminar borrando los motivos por los que forjamos nuestra coraza de espera.
Por esto, insto a los vigilantes a que abandonen su letargo, a que abran los ojos y miren de frente a su destino. Tal vez, tras el sufrimiento pasado, tras las lágrimas que tememos derramar, tras un ayer de sinsabores, se esconda un rayo de esperanza, un futuro brillante, o quién sabe? una sonrisa o un beso a la vuelta d la esquina.

PDTA: Gracias Wercio! Tu blog me ha obligado a sentarme y buscar un rapto de inspiración. Y aunque sólo la he rozado con la punta de los dedos, esto es lo que me ha salido.

David dijo...

Vaya vaya, estas reflexiones vuestras sobre el miedo me están empezando a dar miedo, sobre todo la de Esther cuando cita a Huxley. Cuando llegue el día en el que el miedo, el fatal momento en el que el virus del miedo (hablando en términos ismaelianos) se apodere de toda la humanidad sin una posible y salvadora vacuna que lo haga remitir, ese fatídico instante, estaremos perdidos para toda la eternidad. Ojalá esto solo sea pura y dura ciencia ficción. Ojalá. Sergio, me alegro de haberte hecho reflexionar, espero que nos venga bien a todos y no sirva para deprimirnos sino para salir de ese letargo vigilante si es que estáis o estamos en él, o para tomar aún más impulso si ya habéis o hemos logrado abandonar la hibernación. Aunque, ya lo sabemos; todos tenemos un poco de miedo.

Maria dijo...

El miedo solo sirve para frenar los instintos y los deseos. Es bueno tener un poco de miedo para advertir el peligro, para no sobrepasar los límites. Pero ¿Qué ocurre cuando el miedo se convierte en una constante cotidiana? Cuando el miedo se incluye en la lista de tareas pendientes de una vida, existe el peligro de perder la esencia de esa vida. Cuando el miedo es demasiado fuerte, aparecen las cadenas, aparecen los nudos. Y Las cadenas ahogan los instintos.

Esperar no es la solución. Aunque reconozco que es difícil dar el primer paso. Pero hay que desafiar al sentido común y dejarse llevar por la intuición. Una vez se da el primer paso, después es fácil caminar. “Mañana” no es un buen día para empezar, quizás la palabra clave sea “Hoy”. Creo que para vencer al miedo hay que empezar por dejar a un lado el pasado y el futuro. Aprender a vivir el presente y saborear cada instante de felicidad fugaz.

Vigilia es un país que visito de vez en cuando. Al principio me parecía insoportable, pero ahora he aprendido que es el mejor lugar para hacer una pausa. Tras un largo período de actividad frenética, a veces me refugio en Vigilia. Y allí puedo pensar, recordar y olvidar. Allí puedo rehacer el puzzle de mis pensamientos y pensar sin miedo a ser descubierta.